The Soundtrack Engine

Seguro que tienes algo mejor que hacer...

sábado, 16 de febrero de 2008

Viaje con nosotros (IV)

Sé que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que conté algo sobre el viaje a Alemania que, por motivos estrictamente laborales, realicé hace algo mas de un año. Y durante este tiempo siempre he querido continuar la historia, pero reconozcámoslo, soy un pelín vago :)))... Pero como sigo queriendo terminar la Obra, pues aprovecho este ratillo que mi Dama está entretenida y puedo sentarme al teclado, como un pianista sin talento, para publicar el siguiente capítulo.

Decíamos ayer... En las tres anteriores entradas, os estuve comentando cómo fuí nominado para el viaje y los problemas con los preparativos, las aventuras durante el viaje al aeropuerto, y las divertidas anécdotas para recoger el coche de alquiler en el aeropuerto de Stuttgart.

Y así estaban las cosas: Maese Soundtrack estaba conduciendo por tierra extraña un vehículo extraño, a una dirección que no conoce. Pero se sentía bien. Era toda una novedad, para qué reconocerlo. Su (pequeño pero) flamante vehículo circulaba por la autobahn sin problemas, y los cálculos me indicaban que tardaría aproximadamente una hora en llegar al destino: Neu-Ulm. De repente, se me ocurrió una pequeña travesura, al menos para mí. La vía tiene cuatro o cinco carriles, está en muy buen estado, es prácticamente recta y no hay límite de velocidad... ¿por qué no probar?... Así que puse la directa y le dí al acelerador. Cielos...

Quienes me conocen saben que tengo una obsesión enfermiza por las normas de tráfico. La verdad es que no lo considero baladí: si la señal marca 50, dificilmente iré a mas de 50; si marca 90, lo mismo; si pone 120, igual... Así que cuando la aguja se acercaba a 150, me sentía absolutamente asombrado, y cuando casi llegaba a 160, me dije que como prueba me podía dar por satisfecho. No necesito probar nada mas. Soy fabuloso!!!! je je je..... pero... espera, ¿qué es ese sonido que me parece oir detrás mío?... que raro, es como un pitido.... Miré por el retrovisor y lo ví. Y en ese momento todas mis alegrías se quedaron en nada. Un Volvo 4x4 me pedía paso. A mí, a casi 160km/h.

Así que me cambié de carril al de mas a la derecha, dejando el resto de las vías libres a los bólidos de verdad. Y joer, vaya grupito de coches.... Volvo, Mercedes, Audi, Volkswagen, otro Mercedes.... Así todos los coches que adelantaban al Fiat Xungo que iba conduciendo. Casi notaba como miraban hacia abajo y sonreían al rebasarme... (nota: lo de "miraban hacia abajo" lo digo de manera literal; para mí que el asiento del conductor de esos coches estaban una media de un metro por encima del mío...). En fin, visto lo visto, volví a mis cautelosos y ya conocidos 120km/h y seguí mi ruta.

Eché un vistazo a mi GPS para pobres (un mapa impreso en un folio, con anotaciones a mano con ese prodigio de la ingeniería que es un boli Bic), y ví que pronto tenía que salir de la Autobahn para meterme en una vía secundaria. Por suerte, los números de las carreteras se escriben aquí igual que en Alemania, y no fue complicado acertar en el desvío. Ahora sí, me daba cuenta que no estaba en casa.

La carretera ya era una sencilla de doble sentido, que en algunos casos se permitía el lujo de tener dos carriles por lado, pero pocos tramos. Y para alguien acostumbrado a vivir cerca de los Monegros, el paisaje era fabuloso. Verdes montañas rodeadas de fastuosos bosques, atravesados por nuestra minúscula carretera con pocos vehículos en ella. De vez en cuando, algun pueblo que parece sacado de las partes mas ñoñas de Heidi o Sonrisas y Lágrimas, pero sin ningun protagonista al que odiar... Ya no llovía y se podía disfrutar de las increibles vistas... Tejados en punta, arboles de inmensas copas, algo blanco en la carretera... ¿algo blanco en la carretera?

La carretera estaba ascendiendo a un puerto de montaña, y entre curva y curva pocas veces podías ver los vehículos que tienes por delante, pero ahora sí, se veía una figura un poco extraña unos cientos de metros por delante. Que raro.. ¿que vehículo será? parece grande... un camión especial, un tractor... no sé, pero va muy despacio. Dentro de poco lo alcanzaré y si no hay sitio, no podré adelantarlo... A ver si se da algo de vidilla... Vaya, parece que lo voy a pllar... ¿qué es eso?... Veamos... es blanco... tiene pinta de viejo... desde aquí ya puedo ver la quilla...

¿La quilla?... ¿Será posible...? ¡¡Pero si es un barco!!


Efectivamente, alguien estaba atravesando la montaña con su barco. Lo primero que pensé es que si el conductor no tenía del todo claro el significado de puerto de montaña. Después la parte lógica de mi cerebro me hizo notar que por allí cerca no había lagos, ríos navegables, y la costa estaba a la misma distancia que si fueras desde Madrid a la Costa da Morte, por ejemplo. Así que ya me estaba imaginando a algun émulo de Klaus Kinski arrastrando su Fitzcarraldo particular.

En fin, como no me quedaba otra opción, me dediqué a contemplar las maravillosas vistas de la Babaria que se extendían alrededor; mejor eso que pitarle a un vehículo tres veces mas grande que el tuyo, sin contar el yate...

Al final bajamos el puerto y pude adelantarle, tanto yo como una serie de coches, camiones y otras figuras poco identificables que a medida que le rebasaban, aplaudían su hazaña con sinceros gestos de ánimo, palabras amables y sonoros bocinazos.

Por fín, solo faltan 30km para llegar al destino, todo en línea recta!!. Ya estaba saboreando las mieles del éxito, cuando unas luces parpadeantes me apartaron de la ensoñación. Y otra vez, me volví a soprender. No me sorprendí tanto por que hubiera otro imprevisto (con todo lo sucedido desde el comienzo del viaje, la verdad es que incluso me lo esperaba), sino por la clase de imprevisto: Obras Públicas.

Sí: la carretera estaba cortada por obras, como aquí en Eppaña!!! y había un enooorme desvío que no quedaba otra opción mas que tomarlo, ya que estas vías secundarias no daban mas opciones. Los nervios del "joer a dónde me llevará esto" quedaban parcialmente mitigados por una extraña sensación de estar en casa que prefiero no analizar... Por suerte, la carretera estaba perfectamente señalizada para que los que tomaron el desvío por obligación, supieran como volver a la carretera original. Y menos mal, porque mi GPS Bic no tenía anotaciones que pudieran ayudarme en esa travesía extra. No obstante, tras la vuelta a la carretera, encontré la salida que me llevaba directamente al destino: Ulm.

Al fin llegué a la ciudad, y siguiendo las sesudas anotaciones de mi ayuda visual(tm), pude llegar al Hotel que me habían asignado. De hecho, me sorprendió gratamente que el único error que había es que en vez de en la puerta del hotel, acabé el trayecto en el aparcamiento del Salón de Actos del propio hotel, lo cual tampoco es algo muy irreversible. Dí la vuelta al aparcamiento y por fín, la majestuosa e imponente fachada del Maritim se mostró ante mí. Salí un momento del coche, y un escalofrío recorrió mi cuerpo. A la tranquilidad experimentada por haber llegado al hotel sin excesivas complicaciones (ejem), se unía la emoción de la aventura emprendida. Mi cuerpo temblaba mientras me preparaba para entrar y pedir la habitación reservada. ¿Temblaba?... Un momento... Vamos a ver, sí, el viaje estaba bien, pero no estaba tan emocionado como para que me dieran esos temblores. Y no se iban. ¿Entonces, por qué...?

Huy huy huuuuuyyyy...

Joeeer, ¡¡¡que frío, leñe!!!!

(continuará...)